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Flandes, sitiada por la delincuencia

FUENTE. EL ESPECTADOR.COM
Caminar por las calles de Flandes (Tolima) o dar un paseo por el río Magdalena se ha convertido en un calvario para habitantes y visitantes. Si tiempo atrás el municipio era conocido por su potencial turístico, hoy la presencia de bandas que roban residencias, asaltan al comercio, atracan en las vías, rapan celulares, hurtan vehículos, venden y consumen droga, protagonizan riñas, amenazan y matan, se ha convertido en pan de cada día.
Los pobladores aseguran que ronda el miedo, que prefieren quedarse en sus casas y no arriesgar sus vidas en la calle. “Esconda ese celular”, “guarde esa cámara”, “deje bien cerrado el carro y no lo pierda de vista porque aquí lo roban”, fueron las alertas que el vendedor de una droguería les lanzó en voz baja a algunos turistas que paseaban por la zona. “Suban bien los vidrios, porque aquí se le meten por las ventanas del carro y le rapan lo que lleve”, le advirtieron desde un negocio de chance a otra ciudadana.
El Espectador visitó Flandes y encontró un par de turistas que narraron cómo fueron asaltados por cuatro jóvenes, en el sector del malecón. “Estábamos tomando fotografías y en esas llegaron unos atracadores. Eran como de 15, 17 y 20 años. Tenían revólveres y simplemente nos intimidaron y se llevaron las cámaras”, cuenta Florencio Quiroga, quien venía de Bogotá en compañía de su esposa.
Los lugareños aseguran que en el municipio se sabe quiénes son y dónde se ubican las personas que mantienen en zozobra al pueblo: son Jerry, Tinto Frío, Chucky, el Mono Sánchez y el Nene, de las bandas Los Perritos, Los de Chander, Los Macos y Los Nenes. Viven en los barrios San Luis y Obrero, a orillas del río Magdalena.
Según vecinos de la zona, hacen parte de familias cuyos padres, tíos y hermanos mayores han pertenecido al mundo delincuencial desde décadas atrás. Se trata de sectores con familias numerosas, donde predomina la pobreza y cuyos residentes no gozan de educación escolar ni un empleo digno. Los niños crecen entre armas, drogas, peleas y prostitución. Desde los siete años comienzan su carrera, cumpliendo con la tarea de campaneros o encargados de avisar la ubicación de potenciales víctimas. Los delitos, incluyendo asesinatos, son ejecutados en muchos casos por menores que se movilizan en motocicletas negras de alto cilindraje o en bicicletas, afirma el comandante de la Policía de Flandes, capitán Yesid Lozano.
Un ejemplo de esto ocurrió el pasado 28 de diciembre, cuando un menor de 15 años de edad, alias Fotocopia, asesinó de un disparo a César Augusto Criollo, funcionario de la Alcaldía de Bogotá, a quien le robó su bicicleta. El joven confesó su crimen y ahora está en manos de las autoridades.
Además del San Luis y del Obrero, existen otros barrios como el Lleras, Villa Magdalena y El Libertador, donde no puede acceder nadie que no sea conocido por los pandilleros. “Son sitios vedados y el que entra, mínimo sale atracado”, dice un habitante que por seguridad pide no ser identificado, y agrega que ni siquiera a la Policía le es fácil penetrar.
El comandante de la Policía de Flandes admite que cuando hacen operativos son hostigados. “Es cierto, nos tiran piedras y objetos contundentes, como pasó cuando fuimos a aprehender al culpable de la muerte de César Criollo, pero nunca dejamos de actuar y, pese a todo, siempre cumplimos con el objetivo”, asegura el oficial.
La venta de estupefacientes en cantidades pequeñas usando a menores de edad, es otro delito que preocupa a las autoridades y que nace de los mismos barrios, especialmente el Obrero y San Luis. Una madre de familia señala que a plena luz del día los niños y adolescentes son ubicados en parques, colegios y sitios donde concurren grupos juveniles. “Esta modalidad les permite esconderla con mayor facilidad y evadir a las autoridades”, cuenta esta mujer, quien agrega que para nadie es un secreto que muchos ranchos ubicados a orillas del Magdalena son expendios de drogas.
El alcalde de Flandes, Telésforo Bernal Velásquez, manifiesta que no desconoce el problema de inseguridad en el municipio, generado a través de los años por el nivel de pobreza, que hoy es del 32%, y el desempleo, que asciende al 52%. “Los flamencos dependen laboralmente de Girardot, puesto que no hay empresas, pese a que se han hecho campañas de atracción”, dice. “Ya entregamos 15 canoas y vamos a completar 45. La idea es brindarles a las personas las herramientas para que trabajen y no tengan que delinquir”, afirma.
El comandante de la Policía opina que no hay estructuras organizadas, “lo que hay es jóvenes delincuentes que se vienen tratando de coartar a través de allanamientos y campañas como el Plan Bicicleta, que no permite el parrillero, porque muchos hechos se cometen desde estos vehículos”.
El capitán Lozano agrega que la gente en Flandes se queja por la falta de acciones por parte de la Policía, pero asegura que no hay quién denuncie. “Todos hablan de los delincuentes, pero no tenemos los elementos para identificarlos y judicializarlos”. En otros casos, cuando hay flagrancia, se hace la operación, pero la Fiscalía los deja en libertad, precisamente por falta de pruebas o acusaciones en su contra.
Lugareños afirman que no son capaces de delatarlos ante las autoridades, porque tienen miedo. “Allá le piden a uno la cédula, lo hacen firmar y ellos (los delincuentes) se dan sus mañas y averiguan quién los sapeó, lo buscan a uno, lo amenazan y hasta lo matan. Por eso preferimos acudir a la prensa”, puntualizan.

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