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“Se debe garantizar la autonomía de redacciones y directores” de medios

La tesis del presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, pone el dedo en la llaga de la siempre conflictiva relación capital-contenido.

Con esa perspectiva, Cebrián compareció este miércoles ante la junta de accionistas del conglomerado líder en la creación y distribución de contenidos culturales, educativos, de información y entretenimiento en los mercados de habla española y portuguesa, reconocido por marcas globales como El País, LOS40, Santillana, W Radio o As, y cuyas prácticas son modelo para muchos medios en el mundo.

En la junta, además, se anunció que el actual vicepresidente de Prisa, Manuel Polanco, será el nuevo presidente del grupo de comunicación español en reemplazo de Cebrián, a partir de enero 2018. Cebrián, que mantendrá su puesto de presidente del diario El País y de una nueva fundación con el nombre del periódico, dijo ante los accionistas que su salida es voluntaria y que se materializará el próximo 31 de diciembre.

La fundación será un mecanismo institucional para garantizar la independencia editorial (factor que aporta valor) similar al que, con distintas fórmulas, tienen reconocidos medios como The Economist, The New York Times o The Guardian.

“Yo voy a estar fuera de la compañía, pero quiero que se establezca un mecanismo institucional, una fundación, que, en el futuro, cuando yo no exista, garantice la autonomía de las redacciones y garantice la no injerencia en esa autonomía de las redacciones y de los directores de los medios en lo que es la responsabilidad del contenido de los mismos”, dijo Cebrián antes de la junta, en una amplia entrevista que concedió a El País, de España.

Su preocupación obedece a que cree que la independencia editorial de los medios está “siempre en riesgo”, por lo que pretende evitar que haya “poderes especulativos” que puedan entrar en la propiedad de la compañía y pongan los medios “al servicio de intereses bastardos o que contradigan los valores fundacionales e identitarios de El País”.

Esos valores, remarca Cebrián, no son propiedad de la compañía ni de los redactores, sino de los lectores, de los usuarios y de los ciudadanos. “Es muy importante entender que el derecho a la libertad de información no pertenece a los dueños de los medios, no pertenece a los periodistas y los colaboradores que hacen los medios; es un derecho de los ciudadanos que otros administran, pero que no pueden usurpar”.

Avizorando ya su retiro y ante la inminencia de la ampliación del capital y la llegada de más inversores a este, uno de los principales grupos mediáticos del mundo hispano y con fuerte presencia en Brasil y Portugal, y en el creciente mercado hispano de Estados Unidos, con un mercado global de más de 700 millones de personas, asegura que le preocupa institucionalizar esa autonomía e independencia.

“Lo único que me preocupa todavía es garantizar esa autonomía e independencia editorial para que los equipos profesionales puedan trabajar en el mismo ambiente y en las mismas circunstancias que lo han hecho hasta ahora. En este mundo de fake news, estoy seguro de que los accionistas quieren respaldar medios de comunicación responsables que defiendan la libertad y los derechos democráticos”, dijo.

En la parte final de sus declaraciones, aunque no por ello menos importante, Cebrián lanza otra reflexión que podría considerarse universal, pues puede aplicarse en cualquier momento y para cualquier modelo de medio: el principal activo es el talento humano y la credibilidad del producto. “Y esa credibilidad está basada en la independencia. Sin credibilidad no hay clientes, no hay lectores, no hay oyentes, no hay televidentes para el tipo de productos que nosotros hacemos y, si no hay clientes, las cuentas de resultados serán siempre desastrosas”.

Con EFE

Pulzo

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