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En las entrañas del “nuevo” Bronx de Bogotá

El canal de la calle sexta reúne a más de 300 habitantes de calle que rinden cuentas a 2 “ganchos” dueños del tráfico de drogas en el centro de Bogotá.

El problema con el manejo de habitantes de calle en el centro de Bogotá se concentró en un punto entre la carrera 30 y 38 por el canal de la calle sexta. Allí funciona una organizada red de tráfico de estupefacientes que se defiende con ataques a la población, hurtos y asonadas en las vías principales.

Caracol Radio se metió en las entrañas de ese canal en el que funciona un comercio ilegal de autopartes, celulares, bicicletas, droga y todo lo que logran robarle a ciudadanos que quedan atrapados en los trancones de la zona.

ASONADAS PARA TRAFICAR

La Policía tiene un dispositivo de inteligencia que identificó a dos “ganchos” encargados del tráfico de drogas en la zona.

Dos personas que usan bufandas, gorras o capotas para caminar por el canal llegan en la mañana y cuando salen la orden es clara: los habitantes de calle deben salir a robar espejos, romper vidrios o asustar a la comunidad para obligar a la Policía a contenerlos, de esta forma el escape de los traficantes está asegurado.

Los dos cabecillas de los “ganchos” entregan en promedio 10 papeletas de bazucoa algunos habitantes de calle que los venden y como pago reciben su dosis.

COMUNIDAD AMENAZADA

Sobre la avenida sexta hay empresas, lavaderos de carros, colegios y hasta una alcaldía local. Son ellos quienes reciben el ataque y el acoso de los habitantes de calle, sus paredes y vidrios tienen las muestras de asonadas.

Pero cuando la Policía adelanta operativos de control la orden que reciben los habitantes de calle de los cabecillas y agitadores es atacar el sector residencial del barrio Veraguas.

Avanzan sin compasión y con piedras destruyen ventanas, carros y a quien se atraviese, en cuestión de minutos regresan al canal de la calle sexta. Los vecinos que se oponen o denuncian hoy están amenazados.

La Fiscalía ordenó medidas de protección para esos ciudadanos, incluso para los policías que trabajan con la comunidad en temas de seguridad, pero a los uniformados también llegaron amenazas.

SOBORNOS A LA POLICÍA

El trabajo de los uniformados asignados como padrinos de ese sector, hoy amenazados por los “ganchos”, hace que el tráfico de estupefacientes se dificulte, de ahí que recurran a la asonada para darle salida a los llamados “jibaros”.

Tanto es el seguimiento de los policías que los “ganchos” o líderes de esas bandas les envían de forma constante mensajes con ofrecimientos económicos para que les permitan mantener el tráfico y comercio ilegal de productos hurtados. La negativa a los sobornos se tradujo en esas amenazas.

CAPTURAS SUCIAS

La Policía asegura que la falta de denuncia es la primera dificultad a la hora de judicializar a los habitantes de calle que se encargan de cometer los hurtos en esta zona, lo demás incluye hasta estiércol.

Cuando la Policía inicia una persecución que generalmente termina en el canal, como sitio de resguardo, los habitantes de calle se lanzan al cúmulo de estiércol y se bañan en él. Los policías para capturarlos deben arriesgarse a contraer alguna infección y cuando lo hacen, los afectados no denuncian.

Otra situación está en la ausencia de identificación, muchos capturados no tienen cedula, ni registros. Nadie sabe cómo se llaman, lo que dificulta los procesos de judicialización.

VENTA DE INFORMACIÓN

Los policías que se alistan a adelantar operativos contra el tráfico de drogas se sorprenden con declaraciones y con un rápido desalojo de la zona. Cuando llegan, el número de habitantes de calle se reduce a 10, con descaro le confiesan a la Policía que ya sabían del operativo.

Fuentes de la policía aseguraron a Caracol Radio que los habitantes de calle son quienes les confirman que la información les llega a través de los mismos centros de atención y servicio social.

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